Luego de varios días de pruebas, 10 días para ser exacto, muestras de sangre (pinchazos, que dolor ver tu hijo llorar, ¡si te sacaran la sangre a ti y no a ellos!) descubren que Amanda tenía un quiste coledocal. El área coledocal es la zona que conecta el hígado con el páncreas y el intestino. Por el ducto coledocal pasa la bilis producida en el hígado que es llevada al páncreas, intestino y almacenada en la vesícula biliar. Pues bien, Amanda tenía un quiste tan grande que en el sonograma de abdomen se veía en pantalla todo negro. Es decir, no se veía nada. Me recuerdo como ahora la cara del tècnico radiològico (desfigurada) tratando de disimular y llamando a la radiòloga del hospital me imagino para que la sacara del estado catatònico que se encontraba. Recuerdo como la Doctora me preguntaba (con la cara desfigurada tambien) si alguna vez le habían hecho estudios donde le viera òrganos a mi hija y si había presentado otros problemas ademas de este. Yo sabía que Amanda tenía sus òrganos pues lo había visto con mi ginecòlogo en los sonogramas de su oficina. A partir de ese momento empezò el corre y corre y la batería de pruebas que en mi vida había escuchado.
Estas pruebas y pinchazos duraron los 10 días que mencionè antes. Luego de tanta espera y dolor recibí la visita del director de cirugía para notificarme que se había reunido el comitè y había determinado que no podían operar a mi hija por que era mucho riezgo para ambas partes y ni ellos ni el hospital estaban preparados pero que podía hablar con un doctor conocido de el (resultò despues que era su suegro) que de seguro tomaba el caso. Whattttttt? ¿Despues de estar 10 días sufriendo pinchazos, largas pruebas y la incertidumbre del proceso me dices que no puedes hacer nada y te lavas las manos? Hay que tener h>£^0$ para decirle eso a una mujer casi a las 9:00pm cuando está sola y desesperada (ya había terminado la hora de visita y solo estaba Mi bebè y yo). De mas está decir la angustia y desesperaciòn que sentí. Esa misma noche desesperada me fuí a la puerta de la habitaciòn y de repente veo al gastroentèrologo de Amanda que viene hacia mi y con la voz mas dulce me pregunta por que lloro, le explico todo y el con su voz angelical (por lo menos para mi!) me dice que no me preocupe, que todo va a salir bien, el se encargaría de programar todo para que mi hija fuese intervenida. Es maravilloso la informaciòn que acumula la mente humana y como dentro de toda esa vorágine de emociones tambien recordè esas palabras que una vez me había dicho mi Dios mientras estaba embarazada. Me dijo que iba a escuchar cosas feas y que no iba a entender pero que confiara por que iba a ver mi hija crecer y yo iba a crecer con ella. Aleluya, mi Dios es real y es tan misericordioso que me preparò para ese momento. Al día siguiente nos estaban trasladando al Hospital Cardiovascular donde nos estaba esperando no cualquier doctorucho sino el Doctor que gradùa los cirujanos. ¡Así es mi Dios! Allí fuè la segunda prueba; dejar a mi hija en Cuidado Intensivo, llorando a gritos por que tenían que prepararla para la cirugía al día siguiente y no podía quedarme con ella.
El día de la cirugía llegò, un 31 de octubre y ha sido uno de los días mas largos de mi vida. Solo me dieron unos minutos antes de intervenirla para besarla y confieso que aunque llorè mucho, ya no tenía miedo por que me aferraba a la palabra que había recibido del Señor. Luego de 4 horas aproximadas saliò una de las cirujanas para informarnos que mi hija había salido bien, que habían tenido que removerle su vesícula y apèndice. Tambien tuvieron que trabajar con el intestino ya que el quiste era tan grande (tamaño de una bola de tenis en un cuerpo de 2 meses) que le había cambiado la rotaciòn del mismo pero que se iba a recuperar y vivir una vida sin complicaciones.
Al sol de hoy, 7 años despues, puedo decir que Amanda es una niña sana, traviesa, ingeniosa, ¡habladora! y que cada día que veo la cicatriz en su panza recuerdo este día con alegría, esperanza y mucho amor de mi Dios.
Un día como hoy no puedo perderlo celebrando brujas, muertos, vampiros y hechiceros. Un día como hoy celebro la vida, los milagros y el inmenso amor que Dios tiene para sus hijos.
Amanda antes de ser operada









